La sociedad que nuclea a los editores privados del continente americano enviará una comisión especial de representantes a la Argentina el 4 y 5 de mayo por el bloqueo que sufrió Clarín y La Nación.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) quedó preocupada por la situación que vivió el Grupo Clarín, cuando se retrasó la distribución de la edición dominical el pasado 27 de marzo en Capital y la provincia de Buenos Aires. Por tal motivo, han preparado una comisión especial que visitará nuestro país para reclamar la falta de "libertad de prensa".
Su nacimiento se originó en La Habana en 1943 con un fuerte apoya de los Estados Unidos y con la complicidad del dictador cubano Fulgencio Batista.
Sus integrantes no son trabajadores de prensa. En su mayoría son empresarios y dueños de acciones de los medios de comunicación que representan. Hay más de 1.300 diarios y revistas asociadas.
La SIP es criticada por muchos gremios de comunicadores sociales del continente americano porque sólo representa los intereses de los grandes grupos económicos propietarios de los medios informativos y no defiende a los periodistas. Además, numerosos ejemplos detallan que está fuertemente relacionada con partidos políticos de derecha del hemisferio.
Como ejemplos podríamos mencionar, la influencia en el golpe de Estado al gobierno chileno de Salvador Allende a través de una operación de prensa por parte del diario El Mercurio, con apoyo de la CIA, ya que una de las decisiones del gobierno socialista chileno, era estatizar la única empresa de papel de ese país.
También es preciso recordar el caso de Danilo Arbilla Frachia, integrante del Consejo Consultivo de la SIP. El empresario fue presidente de la entidad y director del Centro de Difusión e Información de la Presidencia de Uruguay durante la dictadura cívico–militar de Juan María Bordaberry. Antes y después del golpe de Estado del 27 de junio de 1973, se produjeron clausuras de medios, allanamientos de redacciones y arrestos de periodistas. Durante ese tiempo, la SIP nunca habló al respecto ni manifestó preocupación.
Según la periodista Stella Calloni, "instaló la práctica de solicitar información a los corresponsales acreditados en zonas de interés para la CIA. Era -y continúa siendo- común la reunión de estos periodistas con personal de la CIA. De esta forma, se aseguraba que este tipo de contactos -que se incrementó en forma notable con las Doctrinas de Seguridad Nacional y luego las “seguridades hemisféricas”- se diera con decenas de organizaciones periodísticas. Incluso en los años ’50 la mayoría de periodistas estadounidenses que regresaban a su país tenían contactos con la CIA".
"Los grandes propietarios de los medios, hoy en realidad abiertamente servidores del poder mundial, no han mostrado pudor ni arrepentimiento por su complicidad abierta en los crímenes de lesa humanidad cometidos en las pasadas dictaduras. Asimismo, tampoco han rectificado sus acciones pasadas, sino que continúan avalando crímenes y golpes de Estado, como el sucedido en Honduras y el intento frustrado en Ecuador el pasado 30 de septiembre, y el terrorismo de Estado disfrazado de seguridad democrática que deja miles de víctimas cada mes en Colombia, país hoy abiertamente ocupado militarmente por Estados Unidos. De esto la SIP no dice nada", concluye Calloni.
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